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Showing posts from 2012

El principio

Al principio sólo había oscuridad Un ente flotaba en la bruma de aquel mundo sin color, con la consciencia dormida. ¿Existía algún ser parecido? No lo sabía. Tampoco recordaba si alguna vez lo había sabido. No importaba. Nada importaba en el Universo eternamente frío. "Llegó el nacimiento del tiempo y todas las leyes no escritas le rindieron tributo". Luz. Calor. Un haz de ondas luminosas calentaron sus átomos. Comenzaron a despertar los sentidos que jamás creyó tener. Nuevos colores nacieron en la noche desconocida. Inundaron su mente con olores sin nombre y sabores por descubrir. Cuerpos perfectos se movieron sin notar su presencia. Bailando con veloz armonía, aletados por una música sin sonido. Todo era hermoso alrededor. No recordaba ya que las cosas hubieran sido alguna vez diferentes. ¿Cómo podía ser el mundo sino así? El Universo era maravilloso de ver, pero tan extenso que su ímpetu se fatigó, y su nuevo instinto temporal lo empujó a buscar refugio en...

El Hechicero

Era demasiado pequeño para su edad pero en sus brazos cansados parecía pesar cada vez más. Los baches del camino hacían que el pequeño cuerpo se moviese como si fuera de trapo. Todo el clan estaba pendiente de ella y de su pequeño enfermo. Sentía sus corazones junto con el suyo. No los iban a dejar atrás en su camino a las tierras del valle, pero día a día veía como su pequeña luz se iba apagando sin poder hacer nada. Una idea había estado formándose en su cabeza y ahora, mientras apartaba las moscas que se arremolinaban alrededor de sus diminutos ojos, sorbiendo su espíritu vital, supo que había tomado una decisión. El Hechicero habitaba en las montañas del norte. Era un camino desconocido a pesar de no estar lejos. La infinidad de espantosas historias contadas en todos los clanes vecinos hacía que nadie se atreviese a rondar por la zona. El Hechicero, se decía, era temido por los espíritus. Y se hablaba de gente enferma que había sanado pero también de gente sana que había mue...

Una luz en la noche

Un tibio rayo de sol alcanzó su rostro dormido. Abrió los ojos lentamente, al tiempo que la luz le cosquilleaba el entumecido cuerpo. “Oh Sol, ¡te he soñado tantas veces! ¡Quiero decirte tantas cosas que sé que no te diré nada! Déjame sólo contemplar tu dorada faz antes de que la noche vuelva a atraparme con sus pesados brazos. Déjame el recuerdo de que al menos una vez te tuve enfrente. Déjame el consuelo de seguirte soñando, y así en mi letargo creeré que me estás esperando”

Una noche

Bajo un cielo sin luna, tan profundo y sin fin, tan oscuro y, al tiempo, tan repleto de luces, el hombre, en su tribuna de muerte carmesí, es veleta al viento. Como el resto de seres.