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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos

Lola

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   En la suave oscuridad del profundo salón las sordas luces del televisor saltaban sobre las paredes como fantasmagóricas apariciones. Las sombras en su interior se movían silenciosas al son de una música etérea. Lola emitió su ronco sonido. Señaló hacia la pantalla, hizo el gesto de acunar y después se señaló a sí misma. —¿Qué dices Lola? —La chica rubia que llegó a la casa después del verano movió los labios en una pregunta—. Es un anuncio de pañales —continuó moviendo los labios mientras la miraba fijamente a los ojos—. ¿Dices que te gustan los bebés? —¡No! —exclamó Elvira, la morena que llegó a la casa ya hace dos años —. Dice que quiere tener un bebé. Lola negó con la cabeza. Se señaló con énfasis e hizo nuevamente el gesto de acunar. —Que alguien traiga un papel —. Dijo otra de las chicas, la pecotosa que vino hace seis meses. Aunque Lola no lo supo porque estaba de espaldas. —Lola escribe lo que nos quieres decir. YO TENGO BEBÉ. ...

El primer Dios del hombre

El Espíritu-Dios era fuerte, temible, poderoso. Pero se mostraba ahora dócil para él, Ashram, jefe de la tribu de los Hombres, el que había visto más de 400 lunas, el temido por su fuerza y respetado por su inteligencia. A pesar de que el paso del tiempo lo había convertido en un anciano al que le dolían los huesos y le faltaban casi todos los dientes, el Gran Espíritu lo había elegido a él, dándole un nuevo motivo de respeto a la vista de los demás. Ashram había aprendido a alimentar al Dios cuando éste se encontraba débil y hambriento, y sabía calmarlo cuando su esencia salvaje despertaba. Lo cuidaba, hablaba con él. Pero el anciano sabía que esto no sería suficiente para aplacar la sed del Gran Espíritu de luz. No dudaba de que llegaría el día en que reclamaría su pago. Y sería un alto precio. El anciano colocó al Espíritu dormido en una cama de virutas de madera y sopló suavemente para llamarlo a la vida. Y despertó. Con su sonido crepitante. Lo siguió alimentando con rami...

Historia del gusano que creía ser importante

¿que pasa cuando todos los seres del universo tienen exoesqueleto menos tu? Pues muy sencillo. Que les das asco. Esta circunstancia no parecía un problema, es más, al principio era desconocida, ya que todavía no era posible viajar a tan grandes distancias y la comunicación era sólamente a través de mensajes codificados. Hasta que se llegó al acuerdo de formar parte del Congreso Intergaláctico. Uno de los requisitos era transmitir imágenes. Por lo visto en el resto del Universo el lenguaje corporal era tan importante como en la Tierra. Hubo propuestas para transmitir nuestras sesiones con cámaras traductoras de imagen, que harían mucho más agradable nuestra visión al resto de seres. Pero no. Con nuestro gran sentido común, y la humildad que nos caracteriza como raza, esta fue la decisión que se tomo por mayoría: "Si no les gusta que no miren". Y así, poco a poco, o rápidamente, depende del punto de vista de la longevidad de cada raza, nos fuimos convirtiendo en aqu...

Los gorros de Papá Noel también sirven para el frío

Dice el refrán que en febrero busca la sombra el perro. No sé quién escribiría esto. Un español no. Seguro. Quizás un australiano, que según había escuchado, las cosas allí van al revés; el clima, el agua de las cisternas e incluso las direcciones. Si su padre viviera y la escuchara decir esto le hubiese pegado un bofetón. O dos. O tres. Y su madre observaría con su sonrisa maléfica mientras la insultaba. Por muchos años que pasaran no lograba deshacerse de ese lastre y un pozo de odio iba creciendo día a día en sus entrañas. Como en ese mismo gélido día de febrero, cuando se cruzó con su madre en la sucia y estrecha acera. Es verdad que no tenía su rostro ni su voz. Pero era ella. Lo sabía. Se reía. Y casi podía escuchar sus pensamientos. La llamaba fracasada, por su aspecto sucio y desaliñado, por su olor a sudor, a vino y a calle. Pero esta vez se vengó de ella. Por todo lo que le hizo pasar cuando era niña y por todo lo que le estaba haciendo pasar aún después de estar...

Melodía siniestra

Con los ojos todavía cerrados escuchó las dulces notas musicales que cosquilleaban su piel. Era una melodía que conocía y por eso no quería abrirlos. Apretó con fuerrza los párpados, hasta que le comenzaron a doler, pero como otras veces, algo lo obligó a abrirlos finalmente. Lo que vio lo dejó horrorizado, igual que si lo viera por primera vez. Era un violín color caoba, brillante bajo una luz inexistente. Y una mano. Esa mano. Hinchada, casi verde, casi humana, que presionaba con sus dedos engarfiados la limpias cuerdas del instrumento. Supo inmediatamente que era la mano de la muerte. Y sintió nauseas. Y sintió sorpresa primero y terror después, cuando descubrió, otra vez, que la imagen que estaba mirando era un espejo. Despertó con la boca seca y el corazón desbocado. No porque creyera que los sueños se hacen realidad sino porque la realidad se había transformado en pesadilla.

Leyenda

—La transmigración está muy cerca. —Si. Lo sé —dijo amargamente, con la mirada fija en el horizonte. Cuando pensó que nunca más volvería a ver las bellas puestas de sol de su planeta, algo en el resplandor amarillo de sus pequeñas alitas perdió vitalidad. Observó como las dos lunas se acercaban la una a la otra en el frío cielo nocturno, sobre las montañas. Y recordó la leyenda de los amantes que se reúnen furtivamente, aprovechando la ausencia del Dios Sol, guardián del mundo, que impide que los dos enamorados se encuentren y provoquen el fin del mundo. La simpatía que había sentido de pequeña por los dos amantes se había esfumado completamente. Dentro de poco tiempo los dos satélites se unirían por vez primera desde que el mundo era mundo—. Todas las leyendas tienen algo de cierto, ¿no te parece? —las palabras rasgaron el aire pesadamente, envueltas por la pena que emanaba sobre sus cabezas en una nube de color morado. Ahora, a pesar de haber transcurrido más de 200 años, recordab...

La frágil luz de la emoción

Ya quedaba poco para la conexión con su planeta natal. Ésta era la cuarta misión que realizaba su raza a lo largo de la historia en ese planeta. Contactar con otras vidas, otras inteligencias había sido el objetivo desde el principio. 10, 9, 8, El germen de la vida fue encontrado ya en el primer viaje, y desde entonces sus ojos habían estado pendientes de aquel mundo en ciernes, esperando a que la vida se abriera paso hacia la evolución. 7, 6, 5, Se preparó para el enlace inminente. Se colocó sobre una roca soleada a esperar. Durante la conexión perdería su individualidad para formar parte del conjunto conectado. Eso lo desagradaba de un modo casi enfermizo. Intentó no pensar en ello. Había mucho que contar. Sabía que llegado el momento las ideas fluirían solas. 4, 3, 2, 1. Su mente se fue escurriendo hacia la negra turbulencia de mentes. Lentamente. Lánguidamente. Notó la presencia de sus otros congéneres. No eran muchos. Sintió que su cuerpo estaba cerca aunque en realid...

El principio

Al principio sólo había oscuridad Un ente flotaba en la bruma de aquel mundo sin color, con la consciencia dormida. ¿Existía algún ser parecido? No lo sabía. Tampoco recordaba si alguna vez lo había sabido. No importaba. Nada importaba en el Universo eternamente frío. "Llegó el nacimiento del tiempo y todas las leyes no escritas le rindieron tributo". Luz. Calor. Un haz de ondas luminosas calentaron sus átomos. Comenzaron a despertar los sentidos que jamás creyó tener. Nuevos colores nacieron en la noche desconocida. Inundaron su mente con olores sin nombre y sabores por descubrir. Cuerpos perfectos se movieron sin notar su presencia. Bailando con veloz armonía, aletados por una música sin sonido. Todo era hermoso alrededor. No recordaba ya que las cosas hubieran sido alguna vez diferentes. ¿Cómo podía ser el mundo sino así? El Universo era maravilloso de ver, pero tan extenso que su ímpetu se fatigó, y su nuevo instinto temporal lo empujó a buscar refugio en...

El Hechicero

Era demasiado pequeño para su edad pero en sus brazos cansados parecía pesar cada vez más. Los baches del camino hacían que el pequeño cuerpo se moviese como si fuera de trapo. Todo el clan estaba pendiente de ella y de su pequeño enfermo. Sentía sus corazones junto con el suyo. No los iban a dejar atrás en su camino a las tierras del valle, pero día a día veía como su pequeña luz se iba apagando sin poder hacer nada. Una idea había estado formándose en su cabeza y ahora, mientras apartaba las moscas que se arremolinaban alrededor de sus diminutos ojos, sorbiendo su espíritu vital, supo que había tomado una decisión. El Hechicero habitaba en las montañas del norte. Era un camino desconocido a pesar de no estar lejos. La infinidad de espantosas historias contadas en todos los clanes vecinos hacía que nadie se atreviese a rondar por la zona. El Hechicero, se decía, era temido por los espíritus. Y se hablaba de gente enferma que había sanado pero también de gente sana que había mue...