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Mostrando las entradas etiquetadas como Microrrelatos

Batalla de ovejas mansas

Llovía. Sin piedad de ovejas mansas. Sin consuelo de amigos desconocidos. Y bajo el cielo negro no eran los golpes lo que le importaban, ni las noches sin dormir, sino la fría soledad de la lucha. La traición calaba en sus huesos hasta dejarlo anestesiado al dolor, propio y ajeno. Se sentó sobre el barro a descansar, mientras con una mano que no era suya sujetaba con fuerza su corazón hasta aplastarlo. Su mente, que ya no le pertenecía, no iba a permitir perder esa batalla no buscada.

Río a ninguna parte

Cerró los ojos. Con fuerza. Hasta que dolió. Sólo así podía escuchar el agua resbalando por las suaves piedras, susurrándole palabras de consuelo en el idioma de los ríos. Todo era azul con los ojos cerrados; el cielo sin nubes y la brisa con olor a vida. Los abrió y el pequeño cervatillo que pastaba en la orilla ya no estaba. A cambio un monstruo de ojos amarillos y dientes mortales lo miraba quedamente. Y las aguas, antes límpidas y cantarinas, eran de un líquido rojo y maloliente. —Exactamente como olería el infierno si existiese —pensó. La noche alcanzó a la oscuridad y el pantano se llenó de ruidos extraños, lamentos, voces de seres inverosímiles. El monstruo seguía mirándolo, con ojos que se saben vencedores antes siquiera de comenzar la batalla. A pesar de estar atrapado en el barro consiguió mirar un instante al cielo, con la esperanza de poder ver por última vez, entre las infinitas estrellas, aquella que llamaban Sol. El demonio de ojos amarillos comenzó a avanzar ha...

Dragons in the night

Then, when my eyes swims in the warmly night and I walk tiptoe around the sweet unconsciousness, the darkness begins to light and the dragons comes to fly.

Mi camino

El camino es escarpado y siniestro, como un corazón sin risas. Cada paso lacera mi alma. Pero a pesar de que conozco el final, y sé que es sombrío, sigo hacia delante porque es mi camino. Lleva mi nombre grabado en sus piedras.

In the forest

The full moon was hight in the sky this night, facing the forest. And it is in those days, when the sparkling spirit of the moon travels to the earth, the only moment you can see the colours in the night. And the poor nude man try to scape from the phantoms of his soul. The nightmares come true and so the dreams and the old tales.

Lágrimas de hielo

El viento formaba gigantescos fantasmas que rugían con sonidos de nieve. La pequeña carreta era una mota sobre el blanco desierto helado, que avanzaba penosamente tirada por un cansado burrito gris. Sobre ella cuatro rostros silenciosos, padre, madre y dos hijos, huyendo de la misería que les perseguía. Pero ella era más rápida que la destartalada carreta y agarró con fuerza al más pequeño de los dos hermanos. Se introdujo por los agujeros de sus zapatos, por su camisa sin mangas y por sus grandes ojos desnutridos. Cuando llegaron, el pequeño ya dormía para nunca despertar. Y su madre lloró. Como lloran las almas derrotadas; con la cara seca de lágrimas congeladas antes de nacer.

Al son de la lluvia

Llueve. Las gotas golpean todo con su somnoliento clic-clac. Llueve. Hace tanto que abajo, en el interior del metro, las penas se mojan, se entumecen y se acartonan. La amargura tiene el alma dormida. Quizás porque así duele menos. O quizás es por no enfrentarla a los ojos.

Lágrimas de sal

Me desprecias porque no nací aquí. Pero este Sol que se aparece en el horizonte sobre el cielo arrebolado, y que calienta la fragante brisa viajera, es el mismo que toca con sus dedos la tierra de mi lejano hogar. Estas mismas aguas cristalinas de la playa del alba embisten enfurecidas, con otro nombre, las negras rocas sobre las que murió el padre del padre de mi madre. Y cuando lloro mis lágrimas también son de sal. Si te ha gustado, por favor, ¡¡visita mi página en ko-fi y ayúdame con un pequeño donativo!! 😉 https://ko-fi.com/laslagrimasdecasiopea

Perspicacia

—Presiento que quiere decirme algo —dijo el conductor del autobús cuando, después de saltarse el semáforo en rojo, vio a aquel anciano que con gesto furioso le hacía gestos con un dedo.

Corazón negro

Era una roca dura, negra y áspera. Con infinitos recovecos oscuros y sucios, donde se escondían viejos fantasmas, dispuestos a atacar al menor indicio de debilidad. El océano, impartidor de la justicia eterna, chocaba contra el tenebroso acantilado, con eterno coraje. Pero, en vez de debilitarla, la vieja escarpa se iba quedando, a cada envite de las olas, un pellizco de su alma.

Microrrelato: Nuestros derechos

Y en la batalla invisible, soñé que estaba despierto.

El yugo de la antimusa

Sólo frente a los folios en blanco, los nervios iban agarrándole el estómago, cada vez más profundamente, como los micelios de un hongo, extendiendo su red poco a poco, llegando incluso a alcanzar su cerebro; paralizándolo.  Era una sensación muy extraña. Había un historia atrapada en su interior. Casi podía visualizar las palabras que formaban su alma, pero no recordaba su nombre ni su aroma. Algo no la dejaba salir, y si no hacía nada por evitarlo acabaría desvaneciéndose. Como un espíritu exorcizado. Derrotado, se fue a dormir. En ese trance del duermevela, en el silencio arenoso de la oscuridad, el espíritu encerrado lo llamó. Y alguna chispa se encendió en su interior, haciendo que las ideas brotaran libres, y las palabras comenzaran a salir, ordenadas y con sentido. Leyó el texto escrito, como si fuese de un extraño. Y una lágrima se deslizó por su rostro. ¡El espíritu dormido era tan hermoso¡

Fantasía de verano

En la noche azulada la luna naranja asomaba por el horizonte, sobre el mar en calma. Con un suave rumor las olas lamían la altas rocas que asomaban como dos brazos a ambos lados de la playa. Sentado, con las manos apoyadas sobre la todavía cálida arena, observaba absorto las estrellas. Cada una de ellas un sol diferente con sus propios planetas girando en torno a él. Trataba de imaginarlo una y otra vez, pero aquella vasta inmensidad no cabía en su pequeña cabeza. ¿Cómo podía ser que en tantos millones de mundos hubiese vida en uno sólo?  No. Eso no era posible. Pero él nunca conocería la verdad. La brisa estival acariciaba su rostro, llevandole el perfume del mar. Con los ojos cerrados se dejó llevar por su ensoñación. Ella lo devolvió a la realidad. —¿En qué piensas? —En nada. En lo bonitas que son las estrellas.

Una luz en la noche

Un tibio rayo de sol alcanzó su rostro dormido. Abrió los ojos lentamente, al tiempo que la luz le cosquilleaba el entumecido cuerpo. “Oh Sol, ¡te he soñado tantas veces! ¡Quiero decirte tantas cosas que sé que no te diré nada! Déjame sólo contemplar tu dorada faz antes de que la noche vuelva a atraparme con sus pesados brazos. Déjame el recuerdo de que al menos una vez te tuve enfrente. Déjame el consuelo de seguirte soñando, y así en mi letargo creeré que me estás esperando”