Pequeñas gotas amarillas caen de las hojas marchitas. Despacio. Con tic-tac de fuentes dormidas, con llantos de sombrío invierno. El árbol llora lágrimas de seda porque sabe que su muerte se acerca. Despacio. Con tic-tac de primavera perdida y de madera vieja y olvidada.
Era un día despejado, la primera vez que vi el mar. En el cielo el Sol dorado hacía las olas brillar. Vasto espejismo azulado, de noche te veo alumbrar con llama el cielo apagado. ¡Cuando te volveré a mirar!
Un tibio rayo de sol alcanzó su rostro dormido. Abrió los ojos lentamente, al tiempo que la luz le cosquilleaba el entumecido cuerpo. “Oh Sol, ¡te he soñado tantas veces! ¡Quiero decirte tantas cosas que sé que no te diré nada! Déjame sólo contemplar tu dorada faz antes de que la noche vuelva a atraparme con sus pesados brazos. Déjame el recuerdo de que al menos una vez te tuve enfrente. Déjame el consuelo de seguirte soñando, y así en mi letargo creeré que me estás esperando”
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