El primer Dios del hombre
El Espíritu-Dios era fuerte, temible, poderoso. Pero se mostraba ahora dócil para él, Ashram, jefe de la tribu de los Hombres, el que había visto más de 400 lunas, el temido por su fuerza y respetado por su inteligencia. A pesar de que el paso del tiempo lo había convertido en un anciano al que le dolían los huesos y le faltaban casi todos los dientes, el Gran Espíritu lo había elegido a él, dándole un nuevo motivo de respeto a la vista de los demás. Ashram había aprendido a alimentar al Dios cuando éste se encontraba débil y hambriento, y sabía calmarlo cuando su esencia salvaje despertaba. Lo cuidaba, hablaba con él. Pero el anciano sabía que esto no sería suficiente para aplacar la sed del Gran Espíritu de luz. No dudaba de que llegaría el día en que reclamaría su pago. Y sería un alto precio. El anciano colocó al Espíritu dormido en una cama de virutas de madera y sopló suavemente para llamarlo a la vida. Y despertó. Con su sonido crepitante. Lo siguió alimentando con rami...