El Hechicero
Era demasiado pequeño para su edad pero en sus brazos cansados parecía pesar cada vez más. Los baches del camino hacían que el pequeño cuerpo se moviese como si fuera de trapo. Todo el clan estaba pendiente de ella y de su pequeño enfermo. Sentía sus corazones junto con el suyo. No los iban a dejar atrás en su camino a las tierras del valle, pero día a día veía como su pequeña luz se iba apagando sin poder hacer nada. Una idea había estado formándose en su cabeza y ahora, mientras apartaba las moscas que se arremolinaban alrededor de sus diminutos ojos, sorbiendo su espíritu vital, supo que había tomado una decisión. El Hechicero habitaba en las montañas del norte. Era un camino desconocido a pesar de no estar lejos. La infinidad de espantosas historias contadas en todos los clanes vecinos hacía que nadie se atreviese a rondar por la zona. El Hechicero, se decía, era temido por los espíritus. Y se hablaba de gente enferma que había sanado pero también de gente sana que había mue...